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El vía crucis de llamar a los servicios de socorro: Defensa civil, Bomberos, 911 y COE

Opinion
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El pasado martes a las tres de la madrugada sentí que alguien me llamaba, me levanté y tuve la horrible visión de una calle vuelta un río

Hace unos días comprobé y comprendí que los servicios sociales de socorro y auxilio en nuestro país son más publicidad, brillo y bulla que realidad. Tuve la amarga experiencia de vivir una difícil situación cuando el pasado martes, a las tres de la madrugada, escuché casi en mis sueños la voz de una vecina que desesperada, después de más de cuatro horas lloviendo sin parar, me gritaba: ¡Saquen el vehículo, que estamos inundados! Bajamos rápidamente del segundo piso donde nos encontrábamos, sacamos de la marquesina el vehículo y lo llevamos a un lugar más seguro, mientras el caudal de agua seguía aumentando a gran velocidad. Los demás vecinos se apresuraron igualmente a sacar sus vehículos y tratar de salvar sus ajuares, porque ya el agua había penetrado en las viviendas. Por suerte, en el lugar donde vivo la mayoría de las casas son de dos niveles y pudimos refugiarnos en el de arriba, después de subir todo lo que pudimos para que no se nos dañara.

Sin embargo, cuando vi que el agua no cedía, se me ocurrió llamar al 911 para que vinieran a socorrernos, pues sentía que estábamos atrapados. Muy decentemente me escucharon y me contestaron que ese no era su trabajo, que llamara al COE. Así que me apresuré a comunicarme con ese organismo, donde me dijeron que tenían demasiadas emergencias, aunque iban a tomar la nota, sin explicarme que debería de llamar a la Defensa Civil. Procedí de mi cuenta a hacerlo y me dicen que llame a los bomberos. Ya cansada de llamar, hago el último intento y me comunico con los bomberos, quienes me dicen lo mismo. Mientras tanto, todos los vecinos, cada uno por su lado, hacían lo mismo que yo, llamaban y al igual nadie le correspondía en nuestra situación de socorro.

Solo me quedó implorar y orar a Dios para que fuera en nuestro auxilio y puedo dar fe de que Él sí me escuchó. Poco a poco, la lluvia fue mermando y el agua que estaba inundando nuestras casas fue saliendo hasta que dieron las seis de la mañana, cuando ya todo estaba en calma.

Pero si puedo decir, señores, que los organismos de socorro de nuestro país son una pantalla. Uno fácilmente se muere esperando que nos vayan a socorrer, es increíble la insensibilidad y la frialdad con la que te tratan en un momento de desesperación.

No solo eso, el ayuntamiento de Santo Domingo Oeste, dirigido por el señor Francisco Peña, tampoco está haciendo su trabajo, pues por la basura acumulada, las calles en mala condición y la poca limpieza de las cañadas, ocurre un taponamiento del drenaje que tiene fatales consecuencias. Ni en tiempo de anuncio de tormenta hacen nada por limpiar.